30.7.11

La consigna ganadora: comediantes sí, libros no

El único roce que tuvo Del Sel con el poder fue haber sido uno de los bufos que entretenía al ex presidente Menem. Sin embargo, supo capitalizar con maestría su condición de novato.


Ante el 35,17% de los votos obtenidos en las elecciones santafesinas por el candidato del PRO, Miguel del Sel, la diva de los teléfonos, Susana Giménez, expresó su beneplácito con las siguientes palabras: “Cuando viene alguien por fuera de la política, tan puro, bueno y serio, que se ganó la guita como todo el mundo sabe… Vos sabés que yo te amo, Miguel.” Lo cierto es que, a su modo, ella había dado en el clavo. Al respecto, el sociólogo Horacio González diría: “La aparición del cómico implica un vaciamiento de la palabra política.” Y al referirse a su esquema de campaña, señaló: “Aquel falso inmediatismo entre el votante insatisfecho y el político improvisado que declara con jactancia su ‘no saber’ es un fenómeno nuevo y preocupante que hasta ahora no se había dado con esa extensión y como campo de operaciones de la nueva derecha.” Claro que tal juicio de valor no tardó en encender la polémica. “Gorila siempre fue el que se cree más inteligente que el pueblo y se enoja por el voto de la gente”, sentenció el ex titular del Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), Julio Bárbaro, quien agregaría: “A veces, un humorista tiene una comprensión de lo popular muy superior a la de un docente, que sólo tiene a 50 personas que lo aplauden.” Dicho de otra manera: ¡Comediantes sí, libros no!
Es que la conversión misma de este personaje en líder de aquella imprecisa categoría social a la que se denomina “la gente” fue fruto casi de un chiste.








Todo empezó en la estancia tandilense La Carlota, durante la fiesta nupcial de Mauricio Macri y Juliana Awada. Ese jubileo ya de por sí parecía un gag. Fue cuando el novio sufrió un principio de asfixia mientras imitaba a Freddie Mercury, al tragarse un bigote postizo. Al rato, ya obnubilado por la mezcla de champán y clericó, le ofrecería al integrante de Midachi encabezar la lista del PRO en Santa Fe. Y lo hizo ante la sorprendida mirada de su guía espiritual, Jaime Durán Barba. Dicen que, a los pocos minutos, Mauricio se olvidó del asunto. Pero días después, al regresar de su luna de miel, el gurú ecuatoriano, quien ya había encargado una encuesta al respecto, lo abordó para informarle: “Miguelito arranca con una intención de voto del 20%.” Ello selló el destino del cómico.









A partir de aquel instante, Del Sel tuvo el coraje de adentrarse en un mundo signado por la agresividad. Sólo bastó que en su primer discurso de campaña ese hombre expresara su deseo de que “los negritos se bañen con agua caliente y dejen de manguear” para que el régimen
desatara en su contra un implacable hostigamiento, iniciado con una denuncia por discriminación en el INADI. Sí, en cambio, se le podía echar en cara su falta de experiencia. Es que en sus 53 años de vida, el único roce que tuvo Del Sel con el escarpado mundo del poder fue haber sido uno de los bufos que en los ’90 solía entretener las sobremesas de su gran amigo, el ex presidente Carlos Menem. Sin embargo, Del Sel supo capitalizar con maestría su condición de novato. En este punto tuvo algo que ver el consejo del senador Carlos Reutemann, quien únicamente con una frase se convertiría en el pionero de su estrategia para conquistar el corazón de las masas. “Miguel, metele para delante; podés hacer las cosas bien o mal, hacelas bien. Vos dale tranquilo. Seguí tu intuición. Porque sos un buen tipo”, fueron sus exactas palabras.









Del Sel, quien empezó la campaña pensando en un lejano tercer lugar, llegó a la última semana peleando el segundo y, durante buena parte de la noche del 24 de julio creyó que podría ser el ganador. En tales circunstancias, siempre al borde de las lágrimas, insistía en definirse como un personaje no contaminado por la raza política. Sin embargo, las figuras que durante ese domingo acudían a su búnker –las cuales hasta entonces habían permanecido ocultas– dejaron en evidencia el verdadero lugar que Del Sel pretende ocupar. Tanto es así que en semejante desfile resaltó la presencia del candidato a vicepresidente por la UCR, Javier González Fraga; también asomó la cabeza el ex titular del Banco Central, Martín Redrado, junto a una delegación de altos dignatarios del PRO porteño, encabezada por el propio Macri y algunos integrantes de su gabinete. En tanto, desde algún lugar de Buenos Aires, Eduardo Duhalde se adjudicaba la buena labor de Del Sel como propia.




En cierto modo, al ex presidente interino le asistía la razón.





Es que –mientras el macrismo cincelaba la carrera electoral del humorista a través de una compleja ingeniería de publicidad y mercadotecnia, diestra en el arte de teñir con el aparente atributo de la simplicidad la auténtica raíz de su ideología– Duhalde no vaciló en aportar sus recursos humanos. Las huestes de los gastronómicos y de la UATRE (los gremios encabezados respectivamente por Luis Barrionuevo y Gerónimo “Momo” Venegas) brindaron a Del Sel apoyo y fiscalización, junto a otros dos colectivos que vale la pena resaltar: la Unión de Presos Políticos de la República Argentina y el Movimiento Republicano Cívico Militar. Ambas, desde luego, integradas por represores condenados por delitos de lesa humanidad. “Hay camaradas, familiares y amigos que trabajan intensamente en Santa Fe, involucrándose en la campaña de Miguel del Sel, ya que él ha asumido un compromiso concreto en relación a nuestros intereses de finalizar definitivamente con los juicios”, sostiene la llamada Circular 12, suscripta el 7 de julio por la primera de esas organizaciones.
Miguel Del Sel, al fin y al cabo un hombre agradecido, no dudó en retribuir tales gentilezas con el siguiente anuncio: “En octubre voy a votar a Duhalde”.








Publicado por Tiempo Argentino

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