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9.2.10

LA LISTA

Desde Martín Palermo hasta empresarios locales están registrados en las operaciones que publicaron El Argentino y Miradas del Sur con las que Martín Redrado amenazó revelar.


Antes de ser desplazado de la presidencia del Banco Central, Martín Redrado amenazó con dar a conocer la lista de “los amigos del poder” que habían comprado dólares entre 2008 y 2009, aunque finalmente nunca lo hizo.



Ahora la lista se filtró en la prensa y los diarios oficialistas Miradas del Sur y El Argentino publicaron los nombres de personas y empresas que figuran en el registro de compradores de divisas norteamericanas, cuyas operaciones quedan asentadas en el Central.Son dos listados: uno más de 3.000 nombres que identifica a quienes adquirieron divisas norteamericanas para sacarlas del país con diversos fines; y el segundo, de alrededor de 600, incluye a quienes dejaron los dólares en el país.



Entre los protagonistas de esas operaciones se encuentran poderosos grupos empresarios, dirigentes políticos, particulares de apellidos mediáticos (y otros no tanto), animadores y empresarios televisivos y también el Grupo Clarín, quien –a través de diversas personas físicas y jurídicas– utilizó durante los dos últimos años más de 500 millones de pesos para adquirir dólares, la mayor parte de los cuales están hoy en el exterior.




Los compradores


Mauricio Macri y Francisco de Narváez son los nombres que más suenan entre los personajes del mundo de la política incluidos en el listado, pero también se puede encontrar al ex senador cordobés Roberto Urquía, a los economistas Carlos Melconian y Eduardo Levy Yelati, a José Alfredo Mc Loughlin (ex secretario de Finanzas de Roberto Lavagna), a Nicolás Caputo (asesor de Macri), al ex ministro de Economía menemista Néstor Rapanelli.



Entre las personas físicas y jurídicas ligadas a Clarín que hicieron millonarias operaciones de cambio de divisas se encuentran el propio Grupo, que cambió 105.910.600 pesos durante 2008 y 2009; José Antonio Aranda (accionista), con 65.315.375 pesos; Lucio Rafael Pagliaro (integrante del directorio y director general de Artear), con 45.127.840 pesos; Cablevisión, con 115.557.860 pesos; Multicanal, con 107.272.990 pesos; Artear, con 58.334.345 pesos; el gerente general de Clarín, Héctor Mario Aranda, con 1.417.734; Pemsa, con 6.770.000; Prima SA, con 15.942.925 pesos y Tinta Fresca Ediciones, con 778.950.



También se registran compras de divisas por parte de La Nación S.A. y Editorial Amfin (editora del diario Ámbito Financiero).



Otras personas vinculadas con los medios que hicieron compras de dólares durante el mismo período fueron el periodista Nelson Castro, el conductor y empresario Marcelo Tinelli, Mario Pergolini, Ari Paluch, Martín Köheler (Endemol, productora de Gran Hermano) y Ricardo Kirschbaum (editor general de Clarín). Entre las empresas, a la cabeza de la lista se encuentra LDC Argentina, con casi mil millones de pesos.



La siguen Molinos Río de La Plata, Merril Lynch Argentina, Autopistas del Sol, Galeno Internacional, Laboratorios Abbot, Johnson y Johnson Argentina, Swiss Medical, Esso, Kraft, Quickfood, Metrogas, Sprayette, Bayer, Codere (empresa que maneja los bingos en la provincia de Buenos Aires), Cargill, Siemmens, Camussi, Iecsa y Edesur, entre otras.



La lista incluye a empresarios como Gilberto Montagna (ex Terrabusi y ahora criador de caballos), Jorge Blanco Villegas, Santiago Soldati, Isaac Kiperszmid, Luis Pérez Companc; Carlos Pedro, Santiago, Ignacio, Luis María y César Alberto Blaquier; Luis Pulenta (Porsche), Fulvio y Alfredo Pagani (Arcor), Juan Carlos Bagó, Benito Roggio, Sergio Oppel (La Anónima), Andrés Meta (Banco Industrial), Néstor Ick (dueño de multimedios y de los bancos de Santiago del Estero y La Rioja), Leonardo Anidjar (Banco del Sur), Alfredo Román (anotado para la compra de Telecom) y el rey de la soja, Gustavo Grobocopatel.



Otros nombres conocidos son el vicepresidente de la Daia, Ángel Schindel, Alejandro Gravier (marido y manager de Valeria Massa), el empresario futbolístico Gustavo Mascardi y el goleador histórico de Boca, Martín Palermo.


09 de febrero de 2010 (derf)

21.1.10

La conjura de Cleto

Cobos alimentó la crisis del Banco Central para cimentar su carrera al 2011. Las coincidencias con Redrado, el Grupo Clarín y la jueza Sarmiento. Cómo funciona la política buitre.

En alemán se lo denominó Schadenfreude. La palabra, acuñada a mediados del siglo XIX, designa el sentimiento de felicidad por el sufrimiento o la infelicidad del otro. Aunque Freud no la incluye en su listado de perversiones, Schopenhauer sostenía que esa “emoción diabólica era una señal infalible de un corazón perverso”. Nietzsche discrepaba: “Mejor que observar un sufrimiento es causarlo”. A medio camino entre ambos, Gore Vidal tradujo la Schadenfreude en clave sociopolítica: “No basta con tener éxito. También es preciso que los otros fracasen”.



En la Argentina de estos días la Schadenfreude es ley. Un coro cerrado de opositores, economistas ortodoxos y prensa canalla celebró el fallo del juez estadounidense Thomas Griesa que embargó 1,7 millones de dólares de una cuenta del Banco Central.




La Schadenfreude en versión local tiene componentes masoquistas: como ocurrió en el ’55, en el ’62, en el ’66, en el ’76, en el ’89 y en el 2001, una inusitada porción de argentinos se regocija con las complicaciones de un gobierno democrático, goza de sus tropiezos, como si permaneciera al margen de las consecuencias. La historia reciente demuestra lo contrario: cada crisis institucional derivó en penurias para las mayorías que la apañaron. Sólo una minoría privilegiada de dirigentes oportunistas, financistas buitres y empresarios voraces se benefició de los cataclismos económicos y políticos que asolaron al país. Frente a un gobierno herido de respaldo popular tras la derrota electoral, esa minoría ya eligió el nuevo rostro de su conjura: el de Julio César Cleto Cobos.




El vicepresidente pasó un diciembre agitado. Su despacho, teléfono y auto oficial –beneficios de su cargo– estuvieron a disposición de un raid que incluyó una docena de contactos reservados con lo más variado de la escena política doméstica. La agenda incluyó al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti; el CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, y el entonces presidente del Banco Central, Martín Redrado. Con todos ellos compartió su deseo: “Voy a ser candidato en el 2011”. Y una preocupación: cómo hacer para que los Kirchner no lleguen en buena forma a esa fecha.




El vicepresidente sabe que, por imperio de las encuestas, su candidatura contará con el aval de su partido de cuna, la UCR. Con la estructura radical jugando a su favor, Cobos descuenta que resultará vencedor en una eventual interna abierta frente a Elisa Carrió o Hermes Binner, los otros presidenciables del Acuerdo Cívico y Social. En ese sentido, el principal escollo es el recelo de “lilitos” y socialistas a participar de una compulsa con el vice (ver nota en página 32). Pero el mendocino confía en que los buenos oficios de su comprovinciano y titular de la UCR, Ernesto Sanz, logrará mantener al Acuerdo unido. O al menos evitará que la dispersión dinamite sus pretensiones.Superado ese escollo, el siguiente problema de Cobos son los dos años que quedan de gestión K.




El vicepresidente teme que una mejora de los indicadores económicos refresque la alicaída imagen de Cristina Fernández y la coloque en la pole de la puja electoral. Tiene motivos para afligirse: todos los economistas, a izquierda y derecha, reconocen que, superada la crisis global, el 2010 se presenta venturoso para la Argentina. Los cálculos más conservadores estipulan un crecimiento del 4,5 por ciento, traccionado por la demanda exterior de granos, el repunte en el consumo y un incremento en la producción de bienes. El talón de Aquiles de la recuperación: para sortear la crisis, en 2009 el Gobierno exprimió los recursos fiscales para sostener la demanda interna en base a inversión en infraestructura, subsidios y programas sociales como Argentina Trabaja y la asignación por hijo.




Para capear eventuales problemas de caja, el Gobierno se propuso iniciar el año provocando un shock de confianza que lo reinsertara en el mercado de capitales. La crisis global propició la oportunidad: la emisión de dólares en EE.UU. y la necesidad de colocarlos en plaza provocó una abrupta caída en las tasas de interés que se tradujo en ofertas de créditos baratos. Para la Argentina, que en los últimos años debió endeudarse a tasas de entre el 15 y el 20 por ciento como consecuencia del default, el acceso a tasas más accesibles implicaba un ahorro futuro en el pago de intereses y la posibilidad de ordenar el perfil financiero del país.Pero antes debía solucionar el asunto pendiente del default.




Para eso creó el Fondo del Bicentenario, con la declarada intención de disponer de 6.500 millones de dólares de reservas extraordinarias para pagar vencimientos y amortizar deuda, además de lanzar un canje que resolviera los litigios con los holdouts –los bonistas que retuvieron bonos declarados en default–.El anuncio provocó euforia en los mercados. Los bonos argentinos treparon hasta un cuarenta por ciento y el riesgo país –un índice creado por JP Morgan que se usa como referencia para aplicar sobretasas en los préstamos– se derrumbó. Mientras en el Ministerio de Economía festejaban el éxito del canje por anticipado, en el despacho senatorial de Cobos reinaba la inquietud. “No hay que dejar que se levanten, porque nos van a aplastar”, repetía el inquilino, ante la mirada sombría de sus laderos. Hasta que uno de ellos recordó una conversación de pasillo y comentó al pasar: “Escuché que Redrado no está de acuerdo con el fondo. En una de esas nos da una mano...”. El diablo de la política, voraz y carroñero, había metido la cola.




El intelectual estadounidense Noam Chomsky sostiene que las teorías conspirativas son opuestas al “Análisis Institucional”, el cual se enfoca en estudiar el comportamiento público a largo plazo de instituciones conocidas públicamente. Según el planteo de Chomsky, las conspiraciones no necesariamente se acunan en coaliciones secretas, sino que pueden ser ejecutadas por personas que no poseen contactos entre sí pero que, por distintos motivos, confluyen en el mismo interés común. Basta con que uno solo de ellos conduzca esa confluencia.




La definición encaja con la descripción que, el martes 12, realizó la presidenta Cristina Fernández al ubicar a Cobos, Redrado, la jueza María José Sarmiento, al Grupo Clarín, a los holdouts y a un sector de la oposición como arietes de una “conspiración”. Ante la falta de evidencias, resultará difícil que el Gobierno pueda establecer lazos concretos entre esos personajes. Sin embargo, todos ellos confluyeron para alimentar una crisis institucional que el propio Gobierno, lejos de desactivar, contribuyó a dinamitar.





Desde el vamos, el decreto de necesidad y urgencia que conformó el Fondo del Bicentenario fue rechazado por el titular del Central, Martín Redrado. Su primera objeción fue de forma: el funcionario advirtió que la redacción del decreto dejaba abierta la posibilidad de que el dinero se destinara al Tesoro, lo que, según su estimación, podría derivar en que se utilizara para financiar gastos corrientes. El argumento fue replicado por el secretario Legal y Técnico, Carlos Zanini, uno de los hombres de mayor confianza del matrimonio K. Según su explicación, el texto del decreto dejaba en claro que el dinero se usaría para garantizar el pago de la deuda, lo que impedía el desvío hacia otros destinos.





Salvado ese punto, Redrado argumentó su temor a los embargos del juez Griesa y defendió la “intangibilidad” de las reservas del Central.Las excusas provocaron sospechas en el Gobierno. La más extendida: que Redrado se negaba a constituir el fondo para retrasar el canje en beneficio de los fondos buitres que recolectan los bonos en default. Al titular del Central lo condenaba su historia: en 2005, cuando se dispuso el pago al FMI, Redrado fue un entusiasta defensor del uso de las reservas del Central. ¿Qué había cambiado desde entonces? Más allá de que los abogados de la entidad tenían dudas sobre la solidez técnica del decreto, lo que había cambiado era la perspectiva de poder.





En 2005, las encuestas indicaron que el 70 por ciento de los argentinos celebraba el pago al FMI. Ahora, en cambio, una encuesta de Management & Fit indicaba que la misma proporción rechazaba el uso de reservas para el pago. La opinión pública, se sabe, es volátil. Casi tanto como las convicciones de los funcionarios que, ante la perspectiva del ocaso, corren en búsqueda del sol.En este caso, a Redrado no lo abrazaron los rayos UV, sino Cobos. “Martín, seguí resistiendo que contás con todo mi apoyo”.




Las palabras del vicepresidente llegaron al celular del funcionario justo cuando en el Gobierno se comenzaba a evaluar su despido. El apoyo del mendocino, un mimado de las encuestas, fue la antesala de un respaldo mayor. En los días siguientes, la oposición en pleno se atrincheró en torno al ex niño de oro convertido en gurú.




Con los días, la conjura informal fue sumando adherentes. La jueza contencioso administrativa María Sarmiento, hija de un ex jefe de inteligencia de la dictadura y hermana de un abogado defensor de represores, fue consecuente con la irritación familiar que provocó la política de derechos humanos K otorgando dos amparos en contra del Gobierno. Uno repuso a Redrado en el Central, y el otro frenó el Fondo del Bicentenario. Cobos saludó la medida de la jueza y sumó ruido al convocar a una sesión en pleno receso, forzando el reglamento del Parlamento.




En medio del revuelo, Redrado presentó como su abogado al prestigioso constitucionalista Gregorio Badeni. Respetado en el ámbito académico y judicial, antes de asumir la defensa de Redrado, Badeni se venía desempeñando como asesor del Grupo Clarín en su pelea contra la flamante Ley de Medios Audiovisuales. La coincidencia llamó la atención del Gobierno, que observó con recelo la secuencia de tapas favorables hacia Redrado aparecidas en el matutino. Una de ellas en especial: fue la portada del lunes 11, donde el diario alertaba que el juez Griesa “podría embargar las reservas del Central”.“No fue una primicia, fue una profecía autocumplida”, consideró un alto funcionario del Gobierno, tras conocerse el embargo. En su evaluación de los hechos, la cobertura negativa de Clarín sobre la constitución del fondo colaboró con los fondos buitres, que incluyeron esas críticas en la presentación que hicieron ante Griesa.





En rigor, la disposición judicial amplió el embargo trabado en 2005 por el fondo Elliot, uno de los tres fondos buitres que reclaman el pago de los bonos caídos en default, elevando de 105 millones a 106,7 millones el congelamiento del dinero que circula en una cuenta contingente que el Central utiliza para sus operaciones diarias con la Reserva Federal de los Estados Unidos. El embargo sobre esa cuenta había sido dispuesto por Griesa en ocasión del pago al Fondo Monetario Internacional, pero el dato fue prolijamente omitido en la cobertura de Clarín. Se entiende: le hubiera restado espectacularidad a la noticia, ya que habría desvinculado el fallo de los DNU de la discordia. Y le habría quitado un argumento a Cobos, el vicepresidente que, traición mediante, utiliza su cargo para convertirse en el paladín de la institucionalidad mientras trabaja para constituirse en líder opositor en la carrera contrarreloj por el 2011.



Ya lo advirtió Gore Vidal en otra definición de Schadenfreude: “Cada vez que un amigo tiene éxito, muero un poco”.
Publicado por Revista Veintitres

12.1.10

Hernán Pérez, o las cosas por su nombre

Hernán Martín Pérez Redrado, tal su nombre completo, es desde hace por lo menos dos décadas conocido por Martín Redrado, y ha sido en su momento apodado "the golden boy" , o sea el "muchacho dorado".



Claro que Martín Redrado suena distinto a Hernán Pérez, aunque cualquiera podría pensar que lo suyo es una impostura, como lo es también ese aspecto de WASP (blanco anglosajón y protestante según los norteamericanos) con nombres y apellidos tan gallegos.


Ese aspecto de galancete de los tempranos 60 subiéndose a un convertible descapotado, o de cantante del Club del Clan, de esos que eran "nuevaoleros" pero les encantaban a las suegras, hizo que Bernardo Neustadt le echase su mediático ojo para promoverlo a los primeros lugares.


Hernán era discípulo de Cayetano Licciardo, economista de la dictadura que lo envió como joven promesa a Harvard.


Licciardo fue Ministro de Economía con Lanusse y de Educación con Galtieri y Bignone.La relación entre el anciano colaborador de las dictaduras y el Golden Boy era estrecha, a punto tal de prologar el discípulo libros del maestro que tienen por tema casualmente las Bolsas de Valores.


Vuelto de Harvard, adonde obtuvo su MBA en Administración Pública, apareció en nuestro país como colaborador del economista norteamericano Jeffry Sachs (no confundir con el homónimo ex novio de la actriz Andrea del Boca)Sachs, si algún memorioso recuerda, era una suerte de monigote que hablaba en español con acento norteamericano recomendando en plena crisis inflacionaria "recaudar mas impuestous" y "pagar las deudas".


Los esfuerzos de Neustadt no fueron en vano, Hernán Pérez fue nombrado al frente de la Comisión de Valores, un cargo que igual que el de Presidente del Banco Central goza de una estabilidad propia de siete años.


El lobby mediático de Bernardo hizo el resto, haciendo creer al común de los mortales que las subas en la bolsa significaban que al "país" y a "todos" nos estaba yendo muy bien.Esos días llenos de "fondos golondrina" y fervor privatista no se recuerdan pero fueron el festival que terminó en la resaca de la que aún no nos recuperamos.


Pero parece que el joven galán retro era demasiado ambicioso, y eso no podía ser tolerado por Domingo Cavallo, quien a partir de una denuncia presentada contra Pérez por su ex Secretario Privado Adrián De Santis que le imputaba utilizar fondos públicos para fines privados, le pidió la renuncia.


Entonces Hernán se victimizó, argumentó, igual que hoy, lo de la estabilidad de su puesto, y amenazó al Ex Ministro con querellarlo por calumnias e injuriasPero la querella quedó en la nada porque Hernán quería seguir en el Estado.


Así estuvo en el Ministerio de Educación y fue cambiando su perfil "técnico" por otro mas "político", con alguna candidatura fallida a diputado.


Eran los tiempos de declive del menemismo por lo que comenzó a cultivar cierto perfil tenuemente crítico, hasta que cuando vino el gobierno de la Alianza, se dedicó en forma privada a asesorar en la colocación de bonos de la deuda externa argentina.


Pero el gobierno de la Alianza duró poco, y Ruckauf salió disparado de la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires hacia el Ministerio de Relaciones Exteriores y allí reapareció Hernan con nuevo perfil


Ahora se inclinaba mas al sector exportador que al financiero como señal de haber captado el nuevo paradigma.


En la Secretaría de Comercio Exterior fungía de virtual "Vicecanciller" de Ruckauff y se ganó de manera inmediata el favor de los "diplosaurios" a patir de su aspecto cool, ya que los saurios saben muy bien quien es de su palo.


Desde allí demostró su vocación de independencia al dedicar sus esfuerzos a la la Fundación Exportar


Exportar es un ente mixto, constituido a partir de fondos públicos y privados, pero que opera como privado, destinado a "promover las exportaciones".


Integran su Directorio, aparte de los representantes de las mas importantes corporaciones privadas, Cámaras empresarias, distintos funcionarios del Estado.


Entre ellos el mismo Hernán la integraba a título de Secretario de Comercio Exterior, y se dice que de hecho la manejaba. (Algunos suponen que en las sombras las sigue manejando)


De ese directorio, por ejemplo, hoy forma parte el Embajador Luis Marìa Kreckler de afianzados vínculos en su momento con Guido Di Tella y los "gusanos" cubanos, y hoy en la actual gestión como Subsecretario de Comercio Internacional.


En los primeros tiempos de Duhalde se lo recuerda a Hernán Pérez recorriendo Estados Unidos y buscando contemplación para los vencimientos de la deuda externa argentina. Pero finalizada la gestión de Ruckauf se pensó que su función en el Ministerio concluía. Sin embargo ello no fue así. Pérez Redrado fue ratificado en la gestión Bielsa, y su rol se volvió aún mas activo.


Se decía por entonces, que el "Golden Boy" tenia sintonía directa con Roberto Lavagna. En ese ínterin Néstor Kirchner le ofreció la Presidencia del Banco Central, que fue inmediatamente aceptada por Redrado.


* * *


Lo cierto es que con esos antecedentes no es para nadie un secreto la posición político- ideológica del "Golden Boy", nada distante de la de su predecesor Alfonso Prat Gay.Tampoco puede ser una sorpresa para nadie la posición de Mario Blejer, por lo que es claramente una decisión política colocar al frente del Banco Central a alguien "confiable" para determinados intereses.


Desde allí la política del Gobierno ha sido la de "flotación " administrada, o sea la que el valor de la moneda oscile entre determinados parámetros administrados por el Banco Central. Esa flotación busca un "tipo de cambio competitivo", o sea apto para las exportaciones, y seguir la política de abonar la deuda externa, pero sin acudir al mercado de capitales, lo que se busca lograr a partir de los "superavit gemelos" o sea el fiscal y el comercial.


Sucede que de seguir esta lógica el Gobierno tiene las siguientes opciones:

a) Seguir como hasta ahora, para lo que deben mantenerse las condiciones vigentes.


b) Para el caso en el que no alcance con los superávit gemelos, entonces, se puede tomar crédito en el mercado financiero, o


c) En el caso que se descarte la opción anterior practicar "ajustes" en el gasto público.


Pareciera que la opción escogida es la b), para lo que las exigencias de los acreedores lleva a emitir determinadas señales antes de que el acceso a los créditos internacionales sea posible.


En este marco se produce la sanción del Decreto Nº 2010/2009 y la creación del llamado "Fondo del Bicentenario"Los considerandos de la norma son bastante elocuentes:


* * *


La fundamentación de la norma como dijimos ilustra bastante respecto del contexto en que ésta se dicta:


Dice entre otras cosas el famoso decreto:


"Que de acuerdo a importantes estudios, la deuda pública que se considera razonable es marcadamente menor en los países en desarrollo que en las naciones industrializadas. La relación deuda/PBI considerada aceptable para los países en desarrollo oscila en torno al 35% del PBI, mientras que en algunos países con poco acceso al crédito esa relación es mucho menor; producto de lo que se ha denominado intolerancia a la deuda y que se manifiesta en las dificultades que experimentan los mercados emergentes frente a niveles de deuda que en países desarrollados serían considerados razonables."



De allí a que antes de acudir a los mecanismos tradicionales de préstamos solicitados a los organismos multilaterales de crédito se paso a un mecanismo de auto seguro, pero también observa respecto de los mecanismos de auto seguro que:


"Que, sin embargo, uno de los efectos de la propensión a autoasegurarse redunda en un flujo neto de capitales desde el país que acumula reservas hacia los países desarrollados, dado que la acumulación de reservas internacionales supone la formación de activos externos emitidos por estos países. Así, en el contexto internacional actual el ahorro excedente de los países en desarrollo en general, y de la Argentina en particular, tiende a financiar el gasto de las economías más desarrolladas."


Y este claro mecanismo es el que reemplaza la exprotación de capitales de los años 90.

Brinda luego ejemplos internacionales:



" Que la estrategia de acumulación de reservas no ha venido siendo exclusiva de Argentina. Autoridades de otras economías como México, Tailandia, Corea, Malasia, Filipinas, Indonesia, Brasil, Turquía y Rusia adoptaron la acumulación de reservas como seguro."



Y ejemplifica con lo que han hecho distintos países ante esa situación:



"Que cabe mencionar que otros países con reservas internacionales que, a primera vista, parecen excesivas en relación con sus necesidades inmediatas, como es el caso de China, Rusia y Japón han comenzado a administrar las reservas de sus bancos centrales buscando obtener de ellas mayor provecho, invirtiendo tanto en títulos públicos como en acciones de capital privado, a los fines no solamente de diversificar sus carteras, sino principalmente de coadyuvar al desarrollo económico interno."


Y otro ejemplo mas próximo a nosotros:



"Que, asimismo, ante la reducción de las líneas de financiamiento destinadas a exportaciones, el Banco Central de Brasil decidió en marzo 2009 prestar reservas internacionales vía subastas para ser utilizadas con este y otros fines por las empresas brasileras, al tiempo que también se financiarán vencimientos de obligaciones externas de las mismas con similares recursos, proveyendo así al mercado con mayor liquidez en moneda extranjera."


En suma:


Falta de financiamiento, necesidad de autoasegurarse, imposibilidad en las condiciones actuales de tomar un crédito en los organismos multilaterales. Mientras tanto Hernán se refugia en la "intagibilidad del valor de la moneda" y en la "autonomía del Banco Central".


* * *


Esa posición de Pérez, sabemos es la de la ortoxia noventista


Desde 1992 y en coincidencia con el Consenso de Washington se ha proclamando el principio de "autonomía de los Bancos Centrales", y se adoptó el mismo en la Argentina.


Por esos años se consideró como algo "sacro santo" la preservación del "valor de la moneda" a punto tal de ser incorporado a la "nueva clásula del progreso" en la reforma constitucional de 1994.


Esa autonomía tiene sus límites tal como postula Alejandro Vanoli, actual Presidente de la Comisión de Valores (el otro cargo desde el que Hernán promoviera otro sonado escándalo).


Por ejemplo, es claro para Vanoli que el Presidente del Banco Central no puede desconocer un Decreto de Necesidad y Urgencia.


Lo cierto es que Washington convirtió a los Bancos Centrales como última ratio de su ingerencia, algo así como "la nueva reserva moral de la Nación"


En este punto entonces parece producirse un debate entre dos formas distintas de encarar el problema de la deuda externa.


Unos bregan por el ajuste, los otros apelan a otros recursos tratando de evitar esa solución, pero ninguno desconoce la deuda.


Venezuela, por ejemplo, tampoco lo hace, aunque ha enfrentado problemas similares con el caballo de Troya que ha sido su propio Banco Central, mientras que el conservador y casi facho Antonio Carlos Magalahes, pretende en Brasil acudir también al blindaje de su Banco Central.


En todo este contexto hay voces que critican el desplazamiento de Redrado por izquierda, so color, de que el problema es la deuda, ya que las reservas en vez de ser utilizadas para atender los problemas internos se desplazan con ese contenido.


La postura puede ser atendida desde un punto de vista general, pero se debe señalar que se está prescindiendo del contexto.


Desde que Bush se comenzó a entretener con Al Quaeda y su Secretario Paul O´Neal decía que "los plomeros y carpinteros norteamericanos" no pueden financiar a gobiernos Latinoamericanos, cambió el paradigma de la importación de capitales por el exportador, y sin ese contexto no serían explicables los modelos moderadamente progresistas como los del Cono Sur, o procesos como el Boliviano, el Ecuatoriano o el Venezolano.


* * *


Mientras tanto nuestro amigo el Dean Read de derecha prosigue con su novela, victimizándose ante las Cámaras (la de Diputados, la de Senadores y las de TN y demás canales), con toda la intención de generar una importante crisis institucional.


El tema de la deuda externa exige mucho debate y la construcción de una importante correlación de fuerzas.


Mientras tanto hay que llamar las cosas por su nombre Martín Redrado es Hernán Pérez, y la "autonomía del Banco Central" es el gobierno del Poder Financiero, y ambas cosas significan ajuste y mas desigualdad de la hoy existente.

7.1.10

Ruidos muertos

A Redrado no hay que esperarlo a que se “desatrinchere”. Tiene que ir Aníbal Fernández a su despacho del Central y cerrar la puerta tras de sí. Y después de un rato, salir con la ropa desaliñada y decirle a los periodistas: “Ya está, aquí tengo su renuncia”. ¿Y cómo lo convenció? “Ah, no, ese es un tema privado entre Redrado y yo”.
Ya está. Y como canta el tango: “sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando”.
Si hasta cuando se murió el hijo de Dios no se paró el universo. Tampoco con Sandro.


La rueda no para nunca.


Se acaba el ruido de un funeral popular y empieza el ruido por otro: el funeral de Martín Redrado en el Banco Central. Lo que no quiere decir que no puede resucitar, pero cruzando hacia el otro lado de donde nunca quiso irse.


Muchos políticos arman tanto ruido para que no se note cuando bajan la voz, que da lo mismo oírlos o no oírlos. Los que no hacen ruido son los predadores económicos furtivos. Ellos tienen lobistas que los representan.


El Banco Central es uno de los lugares que más acechan. De pronto algunos salen a defender el Banco Central tan entusiastamente que uno deduce qué poder guardarán ahí adentro tan celosamente.


El Banco Central hace ruido porque se cree que está aparte de todo. Su presidente presume que es inamovible porque está en un Vaticano independiente del país soberano. Los mismos lamebotas que lamieron al enviado Arturo Valenzuela, lamen ahora a Redrado como antes a Cobos.


Los periodistas colonizados siempre defienden a los virreyes. Y los que fundieron cíclicamente las reservas ahora ponen el grito en el cielo y se vuelven amarretes. El Banco Central es un ruido tardío de los años noventa. El Gobierno pretendió no oírlo y recién se despierta cuando el establishment opositor lo roe desde adentro.


El Central lo inventó en la década infame el presidente del Banco de Inglaterra. Enarbolaban esta consigna: “Que los nativos argentinos elijan sus gobiernos, los ingleses tenemos el Banco central y la hegemonía económica”.

Aquí la oligarquía latifundista bailaba en cuatro patas: las de las vacas. Vino la ya remota revolución económica peronista de los cincuenta, y el banco vuelve a ser argentino. Con los tiempos recomienza su historia de paulatina autonomía. En 1992, la segunda década sombría, se firma una nueva carta orgánica dictada por el Consenso de Washington y los organismos internacionales, para que los gobiernos latinoamericanos no tengan injerencia en los sistemas monetarios.

Y el Banco Central fue como un Estado dentro de otro: el estado Argentino. El nuestro.

Mercedes Marcó del Pont no tuvo éxito en el Parlamento cuando hace pocos años presentó un proyecto para cambiar esa carta orgánica disciplinadora. Y de algún modo con poder de chantaje sobre cualquier gobierno popular con decisiones heterodoxas y no de ajuste o dieta perpetua. Aquí está hoy el precio que se paga. Martín Redrado, más temprano o más tarde, tenía que ser fiel a su naturaleza.


En su caprichosa resistencia ideológica tiene colaboracionistas nostálgicos que fantasean con la idea de un golpe leguleyo al estilo Micheletti en Honduras. Ya está a tono el vicepresidente; se tienta al presidente de la Corte Suprema y se arma una patrulla perdida con el Banco Central. ¿Qué más falta? Los grandes medios dale que dale con la quiebra institucional; los empleados alcahuetes que nunca se jugaron por nada ni por nadie, ahora se encolumnan con el patrón.


El poeta Mario Trejo escribía: “Dos cosas hay que temer: a la derecha cuando es diestra y a la izquierda cuando es siniestra”¡Madre mía!, que el gobierno tenga algún plan para salir de ésta con menos daño que con la 125.

Aguantar, aguanta, pero no es compensatorio atacar sin tener una buena defensa para no recibir piñas al pedo. El papel de la oposición ya está al desnudo: es el de la conspiración permanente. Los grandes Medios le producen el mismo encantamiento de poder que antiguamente les producía el favor de los militares.


A Redrado no hay que esperarlo a que se “desatrinchere”. Tiene que ir Aníbal Fernández a su despacho del Central y cerrar la puerta tras de sí. Y después de un rato, salir con la ropa desaliñada y decirle a los periodistas: “Ya está, aquí tengo su renuncia”. ¿Y cómo lo convenció? “Ah, no, ese es un tema privado entre Redrado y yo”.
Carta abierta leída por Orlando Barone el 7 de Enero de 2010 en Radio del Plata